lunes, 16 de agosto de 2010

Respecto de la ley que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Respecto de la ley que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo, la Iglesia Católica se ha erigido como la abanderada de la oposición, agitando los estandartes del derecho divino y natural, invocando a Sodoma y a las huestes del demonio como presunto instigador del acontecimiento.

A la luz del peso institucional de la Iglesia y de su influencia en las decisiones de Estado, se hace evidente el peso que conlleva hoy el triunfo de la comunidad gay, con el matrimonio igualitario. Los homosexuales han sido tradicionalmente el adversario decidido de la Iglesia, por poner en evidencia que no existe una relación natural entre los sexos.

Las cruzadas para proscribir a los homosexuales se encaminaron siempre a eliminarlos como minoría para que no contaminaran al universal natural. Es que las minorías – cualesquiera fueran – cargan siempre con ese halo: el de descompletar un conjunto cerrado, el universal, cuyo poder hegemónico se vería amenazado por su presencia.

La existencia de los homosexuales demostró desde siempre que la sexualidad natural no existe, que la sexualidad misma ha sido subvertida en la especie humana por la sexuación: neologismo, este último, de Jacques Lacan, para indicar que la elección del sexo está determinada por condiciones precisas de satisfacción infantil, tanto como por identificaciones múltiples – de las que es imposible anticipar su orientación –, y que esto ocurre más allá de la determinación natural orgánica.

Esto va, además, para quienes afirman que no habría que dejar que los homosexuales adopten hijos, ya que saldrían homosexuales. Es una presunción dogmática, al suponer que se podría predecir la orientación de las identificaciones y que, además, se podría saber la orientación del goce de cada sujeto. Es una falacia, ya que no se sabe – ni podrá saberse, por más determinación biológica del niño o de sus padres – la elección sexuada que realizará cada ser hablante.

E. Sinatra.

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