miércoles, 22 de junio de 2011

Jacques Lacan en Caracas 12/7/1980




(Traducción de Juan Luis Delmont Mauri en « Actas de la reunión sobre la enseñanza de Lacan y el psicoanálisis en América Latina » Editorial Ateneo de Caracas , 1982. Además en Jacques Alain Miller, « Escisión. Excomunión. Disolución., Manantial, Bs.As. 1987, p . 264-267.)




No suelo moverme frecuentemente de lugar.

La prueba es que esperé llegar a los ochenta años para venir a Venezuela.

Vine porque me dijeron que era el lugar propicio para convocar a mis alumnos de América Latina.

¿Son ustedes mis alumnos ? No lo prejuzgo. Porque a mis alumnos suelo educarlos yo mismo.

Esto no da siempre resultados maravillosos.

Ustedes saben del problema que tuve con mi Escuela de Paris. Lo resolví como se debe, tomándolo por la raíz. Quiero decir, arrancando a mi pseudo-Escuela de raíz.

Todo lo obtenido desde entonces me confirma que hice bien. Pero eso es ya historia antigua.

En París acostumbro hablar ante un auditorio donde muchas caras me son conocidas por haber venido a verme a mi casa, 5 rue de Lille, donde está mi práctica.

Ustedes, al parecer , son mis lectores. Sobretodo lo son en tanto que nunca los he visto escucharme.

Entonces, desde luego, tengo curiosidad por lo que puede llegarme de ustedes. Es por ello que les digo: gracias, gracias por haber respondido a mi invitación.

Es un mérito de ustedes, porque mas de uno se ha atravesado en el camino a Caracas. La apariencia, en efecto, indica que esta Reunión molesta a mucha gente, y en particular, a aquellos quienes hacen profesión de representarme sin pedir mi opinión. Entonces, cuando me presento, forzosamente pierden los estribos.

En cambio, tengo que agradecer a quienes tuvieron la idea de la Reunión y, especialmente a Diana Rabinovich. Le asocio con mucho agrado a Carmen Otero y su marido Miguel, en quienes he confiado para todo lo que entraña un congreso como este. Gracias a ellos , me siento aquí como en mi casa.

Vengo aquí antes de lanzar mi Cause freudienne. Como ven mantengo ese adjetivo. Sean ustedes lacanianos, si quieren. Yo soy freudiano.

Por eso creo adecuado decirles algunas palabras acerca del debate que mantengo con Freud, y que no es de ayer.

He aquí: mis tres no son los suyos. Mis tres son el Real, el Simbólico y el Imaginario.[1] Me ví llevado a situarlos en una topología, la del nudo, llamado borromeano. El nudo borromeano pone en evidencia la función del al-menos-tres. Es el que anuda los otros dos desanudados.

Le dí eso a los míos. Se los dí para que se orienten en la práctica. Pero, ¿se orientan mejor que con la tópica legada por Freud a los suyos?

Hay que decirlo: lo que Freud dibujó con su tópica, llamada segunda, adolece de alguna torpeza. Me imagino que era para darse a entender dentro de los bordes de su época.

Pero, ¿no podríamos mas bien sacar provecho de aquello que figura allí, la aproximación a mi nudo?

Considérese el saco fofo que se produce como vínculo del Ello en su artículo llamado: Das Ich und das Es.

Ese saco sería el continente de las pulsiones. ¡Que idea tan estrafalaria la de bosquejar eso así ! Solo se explica por considerar a las pulsiones como bolitas, que han de ser expulsadas sin duda por los orificios del cuerpo una vez ingeridas.

Sobre eso se abrocha un Ego, donde parece preparado el punteado de columnas por contar. Pero eso no lo deja a uno menos entorpecido , pues él mismo se cubre con un bizarro ojo perceptivo, donde para muchos se lee también la mancha germinal de un embrión sobre el vitelo.

Aún no es todo. La caja registradora de algún aparato a la Marey está aquí de complemento. Eso dice mucho acerca de la dificultad de la referencia al Real.

Por último, dos barras sombrean con trazos en su juntura la relación de ese conjunto barroco con el saco de bolitas. He ahí lo que está designado de reprimido.

Esto deja perplejo. Digamos que no es lo mejor que hizo Freud. Hace falta incluso confesar que no favorece la pertinencia del pensamiento que eso pretende traducir.

Qué contraste con la definición que Freud da de las pulsiones, como ligadas a los orificios del cuerpo. Hay aquí una formulación luminosa la cual impone otra figuración que la de aquella botella. Cualquiera sea su tapón.

¿No será mas bien, como me ha ocurrido decirlo, la botella de Klein, sin adentro ni afuera? O aún, sencillamente, ¿porque no el toro?

Me contento con apuntar que el silencio atribuido al Ello como tal, supone el parloteo. El parloteo que la oreja está esperando, la del «deseo indestructible» a traducirse en ella.

Desconcertante es la figura freudiana, al oscilar así del propio campo al Simbólico de eso que la ausculta.

Llama la atención que este enmarañamiento no haya impedido a Freud volver luego a las indicaciones mas notables acerca de la práctica del análisis, y en especial sus construcciones.

¿Debo darme aliento recordando que a mi edad Freud aún no había muerto?

Desde luego, mi nudo no dice todo. Sin lo cual no tendría la oportunidad de repetirme en lo que hay : puesto que no hay, digo, no – todo. No-todo seguramente en el Real, que abordo en mi práctica.

Subrayen que en mi nudo, el Real queda constantemente figurado con la recta infinita, o sea, con el círculo no cerrado que ella supone. Con ello se sostiene que él no pueda ser admitido mas que como no-todo.

Lo sorprendente es que el número no sea dado en lalengua misma. Con lo que vehiculiza de Real.

¿Por qué no admitir que la paz sexual de los animales? si tomo al que dicen ser su rey, el león, radica en que el número no se introduce en su lenguaje, cualquiera que éste sea. Sin duda, el amaestramiento puede dar su apariencia. Pero nada mas que eso.

La paz sexual quiere decir que se sabe qué hacer con el cuerpo del Otro. Pero, ¿quién sabe qué hacer con un cuerpo de parlêtre[2]? ¿Salvo apretarlo mas o menos?

Al Otro, ¿qué se le ocurre decir y siempre que lo quiera ? Dice : «Apriétame fuerte».

Muy fácil para la copulación.

Cualquiera sabe hacerlo mejor. Digo cualquiera – una rana por ejemplo.

Hay una pintura que me baila en la cabeza desde hace tiempo. Logré recordar el nombre de su autor, no sin las dificultades propias de mi edad. Es de Bramantino.[3]

Pues bien, esta pintura está bien hecha para testimoniar de la nostalgia de que una mujer no sea una rana, la cual está puesta patas para arriba en el primer plano del cuadro.

Lo que mas me ha impactado en el cuadro es que la Virgen, la Virgen con el niño, tiene algo así como la sombra de una barba. Con lo cual se parece a su hijo como lo pintan de adulto.

La relación figurada de la Madonna es mas compleja de lo que se piensa. Ella está por lo demás mal soportada.

Eso me preocupa. Pero queda que yo me sitúo mejor que Freud, eso creo, en el Real interesado en lo que hay del inconsciente.

Ya que el goce del cuerpo hace punto al encuentro del inconsciente.[4] De allí mis matemas, que proceden del hecho que el Simbólico sea el lugar del Otro, pero que no haya Otro del Otro.

Se sigue de ello que lo mejor que puede hacer lalengua es demostrarse al servicio del instinto de muerte.

Es una idea de Freud. Es una idea genial. Ello quiere también decir que es una idea grotesca.

Lo mas vivo es que es una idea que se confirma a partir que lalengua no es eficaz mas que pasando al escrito.

Es lo que ha inspirado mis matemas – en la medida en que se puede hablar de inspiración para un trabajo que me costó vigilias donde, que yo sepa, ninguna musa me visitó – pero habrá que creer que eso me divierte.

Freud tenía la idea de que el instinto de muerte se explica por el desplazamiento de la tensión al umbral más bajo tolerado por el cuerpo. Freud lo nombra como un más allá del principio del placer ; es decir, del placer del cuerpo.

Hay que advertir que es sin embrago en Freud el índice de un pensamiento mas delirante que cualquiera de aquellos que yo les he podido participar.

Porque, desde luego, no les digo todo. Ese es mi mérito.

Ya está.

Declaro abierto este Encuentro que versa sobre lo que he enseñado.

Son ustedes con vuestra presencia quienes hacen que haya yo enseñado algo.


[1] Lacan se refirió a sus tres registros diciéndolos en ese orden y como siempre dándoles el carácter de nombres (de ahí la razón de las mayúsculas). El traductor (Delmont-Mauri) había escrito : “lo simbólico, lo imaginario y lo real”, cosa que coloca a los registros en otro orden y además ese “lo” le otorga un carácter de adjetivación o impersonal que no corresponde con la manera de situarlos que tiene Lacan a partir de su promoción en 1953.

[2] Neologismo que se opta por no traducir.

[3] Bartlomeo Guardi, “Bramantino”; (1465-1530), Milano. Discípulo y colaborador de Bramante. El cuadro en cuestión se llama “Madonna con el trono con el niño, entre San Ambrosio y San Miguel”, expuesta en la Biblioteca Ambrosiana, Milano.

[4] Car la jouissance du corps fait point a l’encontre de l’inconscient.

Esta frase tal como Lacan la habría dicho , es turbia incluso para los francoparlantes. Para entenderla, tenemos que acercarnos a expresiones de la misma veta, como “faire butée à”, “faire arrêt à”, y entonces considerar “faire point” literalmente como, que el goce del cuerpo establece un punto (¿de qué? ¿de bloqueo? ) que va en contra del inconsciente. Eso no tiene mucho sentido, y como es tan frecuente en Lacan, hay que buscar alrededor, en las frases de antes y después de ésta, cuál es el sentido general que permite un uso tan neologismático a partir de una mezcla de expresiones “faire point à” y “à l’encontre de” que no se empalman habitualmente (esencialmente porque la primera no existe como tal).Otra suposición posible es que si dijo eso en Caracas, al fin de su periplo borromeano, es que el “punto” de “faire point à” se opone a “línea” o a “superficie”, que el goce del cuerpo constituye algo tan localizado como un punto que va en contra, efectivamente, de la deslocalización permanente de la cadena significante. Eso podría explicar algo del “faire”, porque el imaginario “fait con sistance” hace consistencia, el simbólico “fait trou” hace agujero , y el real… ”ex-siste”. Entonces, en esta serie, tal vez él considera que el goce del cuerpo “hace punto”. Por fin, hay que tener cuidado también con este “à l’encontre de”, porque quiere decir primero “ir en contra”, pero también “ir al encuentro con” y especialmente en la boca tortuosa de este Lacan.

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